Días de la Desobediencia
Calixto Torres S.L.U. 2025
Días de la Desobediencia
Sucede, a veces, que un libro nace sin un título concreto. Los poemas, sencillamente, van alzándose al par de cuanto uno quiere cantar y contar y, sin embargo, nada se sabe de ese encabezamiento que los aúne. Por contra, hay ocasiones en las que una frase, un verso, un pensamiento… dan pie a un universo lírico que acaba convirtiéndose en un nuevo poemario. Estos Días de la desobediencia son ejemplo, al cabo, de cómo un epígrafe encendió esa mágica llama que lleva a la creación.
Hay en estos versos una mirada al ayer y al mañana, una mirada que ofrece el privilegio -que no la ventaja- de los años, y que sirve para reconocerse de una forma más profunda, más cómplice. No se trata de un ajuste de cuentas con lo pretérito, porque, en verdad, lo vivido es siempre aprendizaje, dicha futura por cuanto uno es más consciente de este regalo que es la vida.
Quienes ya no están y me acompañaron, ocupan entre estos versos viva memoria. Quienes siguen a mi lado -y de mi lado-, son el reflejo de mi conciencia y de mi felicidad por ser testigos comunes de nuestro día a día. En mis pasos y en sus huellas habita todo lo que soy y lo que tengo, como el pan bendito, eterno y compartido.
CONQUISTA
Amarse en el desorden,
saber que ya
las sombras no son fieles a su origen.
Resucitar la furia,
negar la flor, la voz de la conciencia.
Hablarle al cuervo ciego de la noche
y escuchar su llamada,
y acudir a su cita.
Vivir entre lo incierto,
al filo de un lenguaje sin fronteras.
Desviar la mirada
de lo aprendido
y conquistar sin prisa, para siempre,
el alba y sus abismos,
los días
de la desobediencia.
...
OLAS
Tuvimos
la vida
en
la
palma
de
tu
mano.
Tuvimos
a nuestros pies la fe de las mareas,
la plata de las olas, su espuma y su vaivén,
su sal en nuestros labios.
Fuimos hijos del agua y de otros cielos,
dichosos en la guerra y la imprudencia,
sencillamente, héroes de amor.
Y, tanto nos quisimos, que creímos
que el horizonte
era un lugar al que llegar.
Tuvimos
la vida
en
la
palma
de
tu
mano.
Y, sin embargo, hoy, tan sólo
somos restos de luz
que miran hacia el alba en soledad.
...
MANTA
Como si aún pudieras coserme en la distancia,
sigo envuelto en la manta de tu aliento.
A veces, un regalo
es un adiós,
un lienzo
de niebla para
no escuchar más el eco del olvido.
Hoy he doblado en cuatro
aquel pedazo inmenso
de nuestra historia,
zurcido con tus manos,
las mismas que abrigaron la orilla de mis huesos.
Por cada pliegue asoma, todavía,
nuestra ebriedad sin culpa,
las algas de otro tiempo, esquivas hebras
de un horizonte ausente,
los hilos de tus labios,
el ojo de tu aguja en mis costuras.
...
